Cómo cuidar tus pinceles (sin matarlos en el intento)
Si pintas, seguro te ha pasado: compras un pincel nuevecito, lo usas un par de veces y de pronto… parece un cactus seco. Las cerdas abiertas, duras o torcidas, y tú preguntándote ¿qué hice mal? Bueno, no estás solo/a. Cuidar los pinceles puede parecer un arte aparte, pero con unos cuantos hábitos básicos, puedes hacer que te duren mucho más (y evitar esas tragedias peludas).
- Primero lo básico: no los dejes con pintura seca. Suena obvio, pero en medio de la emoción de pintar (o del cansancio post-creación), a veces se nos olvida limpiarlos. Si usas óleo, no basta con enjuagar con agua: necesitas un disolvente (como trementina o esencia de petróleo) para sacar bien la pintura. Y si pintas con acrílico o acuarela, solo agua está bien, pero ¡hazlo en el momento! Una vez se seca, cuesta un montón revivirlos.
- Otro clásico error: dejarlos sumergidos en agua por horas. Si dejas el pincel con las cerdas hacia abajo dentro de un bote, lo único que logras es que se deformen. Lo ideal es enjuagarlos bien y dejarlos secar horizontalmente o con las cerdas hacia abajo (sin que toquen el fondo), para que no se le meta agua al mango y empiece a despegarse.
- Algo más que ayuda mucho: usar el jabón correcto. Hay jabones especiales para pinceles, pero si no tienes uno, incluso un jabón neutro o de manos sirve. Masajea suavemente las cerdas con espuma, enjuaga y repite hasta que el agua salga limpia.
Y por favor: no los uses para cosas que no les tocan.
- Un último tip: dales forma antes de que se sequen. Después de lavarlos, sacúdeles el exceso de agua y acomoda las cerdas con los dedos. Así se secan "peinaditos" y listos para el siguiente uso.
Cuidar tus pinceles no es difícil, solo es cuestión de tomarle cariño al ritual post-pintura. Al final, ellos son tus compañeros de batalla creativa, y si los tratas bien, te lo devuelven en cada trazo.


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