Mi primer cuadro: lo que aprendí


 Recuerdo perfectamente el día que decidí hacer mi primer cuadro. Tenía frente a mí un lienzo en blanco y, aunque parecía una simple superficie vacía, sentí un poco de miedo… como si estuviera a punto de enfrentarme a algo más grande que yo. No sabía por dónde empezar: ¿pongo primero el fondo?, ¿qué colores combino?, ¿y si me sale mal? Aun así, agarré mis pinceles y me lancé.

Usé pintura acrílica porque había leído que era más fácil para principiantes, y también porque me gusta cómo se seca rápido. Elegí una escena sencilla: corazones con ojos algo psicodélico , aunque en mi mente se veía muy difícil terminó saliendo bien. Me costó mucho controlar los colores al principio, y hubo un momento en que casi tapaba todo de blanco para empezar de nuevo.

Pero poco a poco, y sin darme cuenta, me fui soltando. Ya no me importaba tanto si los corazones o ojos no eran perfectas o si el refelejo de los corazones eran menos realistas de lo que quería. Empecé a disfrutar, a conectar conmigo, a olvidarme del reloj. Me sentí tranquila, incluso orgullosa, aunque el resultado no fue nada “pro”. Era mi creación, con mis errores, mis intentos y mi estilo.

En aquel momento no me gusto mucho sinceramente pero ahora que lo veo no estaba nada mal para empezar.


Comentarios

Entradas populares